El regalo más valioso para los adultos mayores en la Navidad
La Navidad siempre ha sido un tiempo de luz, de esperanza y de reencuentros. En Puerto Rico, esta época toma un brillo especial: no hablamos simplemente de un día festivo, sino de más de cuarenta días de tradición, música, sabores y encuentros que marcan profundamente nuestra identidad como pueblo. Son días de coquito, lechón asao’, arroz con gandules, pasteles (con o sin ketchup, según el equipo al que pertenezcas), morcillas, arroz con dulce, tembleque y esa bandeja que nunca falta con pasta de guayaba, queso de papa y maní. Un festín cultural que también se convierte en un espacio para cerrar un año que, para muchos, ha sido “difícil y complicado”.
En medio de esta abundancia emocional y sensorial, quisiera invitarte a detenerte y mirar con atención un grupo fundamental de nuestra comunidad: los adultos mayores. Aunque este es un tiempo de unión, alegría y celebración, la verdad es que muchas veces, de forma inconsciente o consiente, no incluimos a los adultos mayores con la misma intención con la que incluimos al resto de la familia.
Y es justo ahí donde nace este llamado.
La Navidad en Puerto Rico: tradición, unión y el deseo de compartir.
La época navideña se convierte en un punto de encuentro. Familias que se preparan para recibir a otros: decoran, cocinan, planifican actividades y ajustan agendas. Otros se van de viaje con sus hijos o nietos, celebrando las tan anheladas vacaciones que tanto esperan durante el año. De estas vacaciones surgen las fotos coloridas y plasmadas de sonrisas. Un sinfín de imágenes que se convierten en albumes que se comparten en las redes sociales. Por lo que estas, se convierten en protagonistas; Outfits coordinados, colores vibrantes, imágenes posadas o espacios espontáneos, sin obviar los abrazos que parecen congelar momentos perfectos. Las imágenes buscan reflejar unión, alegría y prosperidad. Y en esas fotos aparecen los adultos, los jóvenes, los niños… o al menos, los que caben en el encuadre emocional del momento.
Pero… aquí surge una pregunta importante; Una pregunta que puede incomodar, pero que abre espacio para la reflexión:
¿Incluimos a nuestros adultos mayores en estas celebraciones? Tal vez tu respuesta inmediata fue un “sí” seguro. Tal vez pensaste que sí, por supuesto. Pero también es posible que esta pregunta te haya llevado a quedarte en silencio. A recordar a quienes ya no están (como es mi caso). O a darte cuenta de que, en la práctica, no siempre los incluimos tanto como desearíamos. Ya sea porque viven en hogares de cuidado, o simplemente residen en sus hogares.
¿Dónde quedan nuestros adultos mayores en estas celebraciones?
Vivimos en una sociedad donde se ha normalizado la idea de que los adultos mayores “prefieren estar solos”, que “ya no están para fiestas”, o que “ellos entienden que uno está ocupado”. Y sí, es cierto: muchos adultos mayores expresan comprensión cuando no se les visita. Dicen que lo entienden, que “la familia trabaja mucho”, que “los nietos están muy ocupados”, que “es mejor así”. Sin embargo, lo que dicen con la boca no siempre coincide con lo que sienten en el corazón.
En estos años pasados en que he estado dedicando mi servicio como trabajadora social a las poblaciones de adultos mayores, he tenido la oportunidad de escuchar múltiples historias de estos. Expresiones basadas en el abandono intencional o no, de las familias o aquellas palabras dónde se recogen las razones por las cuales eligen estar solos o se sienten en soledad. En mis visitas e intervenciones en instituciones que ofrecen servicios a adultos mayores, he escuchado frases que se repiten con una mezcla de dolor y resignación. Expresiones como estás (relacionadas a sus familias): “Ellos trabajan mucho, por eso no pueden venir”, “Mi hija vive lejos, yo no quiero ser una carga” o “Mis nietos tienen su vida; eso es ley de vida.” Y aunque lo expresan con serenidad, el silencio que le sigue a cada frase, dice mucho más.
Una mayoría de los adultos mayores intervenidos, justifican la ausencia de sus seres queridos para protegerlos, para no “cargar” a nadie, para no expresar su tristeza. Pero la realidad emocional es profunda: la soledad pesa.
La soledad en la vejez: un problema real, silencioso y con impacto profundo.
Quizá pensamos que la soledad es solo una sensación emocional, un sentimiento pasajero.
Sin embargo, desde la evidencia científica se evidencia que no es así. Camargo Rojas & Chavarro Carvajal (2020), en su investigación Loneliness in Older People: Timely Knowledge and Screening, destacan que la soledad tiene las siguientes implicaciones: psicológicas (depresión, baja autoestima, ansiedad, consumo problemático de alcohol o mayor riesgo de suicidio), físicas ( debilitamiento del sistema inmunológico, problemas cardíacos, trastornos digestivos, dificultad para dormir o mayor riesgo de deterioro cognitivo) y sociales (aislamiento, estigmas, pérdida de redes de apoyo y hasta sensación de inutilidad o estorbo).
La investigación es clara: la soledad no es una emoción; es un factor de riesgo que impacta la salud integral del adulto mayor. Por eso, integrar a los adultos mayores a las fiestas de Navidad no es simplemente un acto de bondad o tradición. Es un acto de cuidado, acompañamiento y salud, además de que promueva calidad de vida y creación de memorias.
Historias que se repiten: cuando el silencio se convierte en compañía.
En las entrevistas con mujeres mayores, a quienes cariñosamente llamo mis “amigas”, he visto cómo sus ojos brillan al recordar a sus hijos y nietos. Y cómo ese brillo se apaga un poco cuando dicen: “Ellos vienen cuando pueden… yo los entiendo.”
Una de ellas me narró que llevaba ocho meses sin recibir una visita. Pero aún así, justificaba a su familia: “Mi hijo trabaja en construcción. Llega muy cansado. Yo no quiero que haga la carretera hasta acá. Él me quiere, eso yo lo sé. Otra historia escuchada: “Mi nieta está estudiando. Yo no quiero que pierda tiempo conmigo. Ella sabe que yo la adoro (aunque hace mucho que no la tengo de frente para decirselo”.
Y aunque agradecen cada pequeña muestra de atención, el mensaje emocional profundo está ahí: quieren ser parte, quieren ser vistas, quieren ser escuchadas.
En Navidad, ese deseo se multiplica y en muchas ocasiones se expresan con lágrimas y en el silencio de su espacio de vivienda.
Integrar a los adultos mayores a las fiestas de Navidad: más que un gesto, una necesidad.
La Navidad es, tal vez, la época donde más oportunidades tenemos para reencontrarnos. Y aunque a veces pensamos que integrar a nuestros adultos mayores requiere grandes esfuerzos, la verdad es que existen muchísimas formas hermosas de hacerlo, incluso cuando hay limitaciones de movilidad, de salud o de distancia.
Aquí te comparto unos “tips”, de cómo integrar a los adultos mayores a tus eventos de Acción de Gracias, Navidad, Despedida de Año y hasta la festividad de los Tres Santos Reyes.
1. Reencuentros intencionales: llamadas, visitas cortas o cartas con cariño.
No se trata de grandes celebraciones. A veces, con 15 minutos de conversación pueden cambiar el día de alguien que pasa muchas horas en silencio. Una llamada, un mensaje de voz o una tarjeta escrita a mano tiene un poder emocional enorme, especialmente en Navidad. Aunque el escribir puede ser una acción “vieja escuela”, los adultos mayores gozan de las notitas escritas a mano.
2. Crear rituales familiares donde ellos puedan participar.
Una cena sencilla en el hogar, encender las luces de la decoración juntos, escoger una canción navideña favorita (José Nogueras con sus canciones o José Feliciano con su himno de Feliz Navidad). O tal vez preparar un plato que les recuerde a su infancia. O mira, y si se sientan a ver videos o especiales navideños, como por ejemplo los del Banco Popular que se han convertidos en eventos clásicos. La clave no es “qué hacer”, sino “hacerlo juntos”.
3. Ajustar las actividades según sus capacidades.
Si tienen dificultad para caminar o están encamados, existen alternativas, como por ejemplo: visitarles y encender música navideña suave, leerles, , llevarles fotos recientes de la familia o albumes con fotos del pasado (dicen que recordar es vivir), comer junto a su cama, en un ambiente cálido de familia, organizar una mini-parranda con volumen moderado y hasta crear un álbum familiar con ellos.
Lo importante es recordar que ellos también tienen derecho a la recreación, al esparcimiento y al disfrute.
4. Aprovechar la tecnología como puente emocional.
Aunque no sustituye el contacto humano, la verdad es que sí lo complementa: videollamadas, mensajes de voz, fotos del día, videos cortos de los nietos o reuniones virtuales familiares. Recuerda, que un adulto mayor puede sentirse profundamente conectado con solo ver un rostro amado.
5. Promover su integración comunitaria (en caso de que haya participación en la comunidad).
Los centros de servicios diurnos, clubes de adultos mayores y aquellas organizaciones religiosas suelen ofrecer: talleres de manualidades con motivos navideños, conciertos informales, tardes de café o tertulias, actividades sociales y hasta con los grupos de apoyo. Estas experiencias reducen la soledad y fortalecen la autoestima.
6. Respaldar programas de apoyo profesional.
En Puerto Rico existen proyectos universitarios y comunitarios, como los de PHSU (Ponce Health Sciences University), que brindan acompañamiento emocional, apoyo psicológico y actividades navideñas. Participar, donar o referir puede transformar la Navidad de un adulto mayor que vive solo.
7. Darles el regalo más importante: tiempo.
A veces pensamos que necesitan cosas materiales. Pero la verdad es esta: el regalo más valioso es tu presencia. Un abrazo, un café juntos, una conversación pausada…
Son regalos que no se compran, ni tienen valor monetario, sin embargo permanecen en el la memoria y el corazón.
Ser parte de la solución: un llamado desde la empatía.
Los adultos mayores no deberían justificarse, ni resignarse a su soledad. Estos no deberían sentir que “estorban”, que “complican los planes” o que ya “no encajan en las fiestas”. Por lo que integrarlos a las celebraciones navideñas no es un gesto de compasión: es un gesto de compañía, humanidad, paz, felicidad y de amor.
Algunos de nuestros adultos mayores ( *en la mayoría de los casos) celebraron nuestras navidades cuando éramos niños. Nos cuidaron, nos educaron, nos dieron seguridad, nos alimentaron, nos enseñaron a amar nuestras tradiciones. Sin ellos, muchas de nuestras memorias más dulces no existirían. Hoy, nos toca devolver, acompañar y honrarlos.
Recuerda que la Navidad tiene la capacidad de recordarnos lo esencial: que lo más valioso nunca es lo que se compra, sino lo que se comparte. Por eso hoy te invito a mirar alrededor, a identificar a esa persona mayor en tu vida, sea un abuelo/a, tío/a, vecina/o, madrina/padrino, mentor/a, que podría estar viviendo estas fechas en silencio.
Te invito a preguntarte: ¿Qué puedo hacer para integrar a un adulto mayor a mis fiestas de Navidad este año?. A veces, la respuesta será simple o a veces será más profunda, pero sabes algo? siempre valdrá la pena.
*El enfoque de este escrito va dirigido a relaciones de familias en general, no en aquellas familias que han enfrentado conflictos o separaciones o que han experimentado conflictos con los adultos mayores en su entorno. Cada cual evaluará su realidad con las situaciones que enfrente o haya enfrentado. Si usted tiene alguna duda que aclarar en relación a esto, estoy disponible.
Te invito a agendar una cita para orientación y acompañamiento emocional a adultos mayores y sus familias, o para recibir una guía clara que apoye el bienestar emocional del adulto mayor.
Puede conocer nuestro servicio de asesoría y acompañamiento familiar, diseñado para ofrecer apoyo profesional y caminar junto a usted en este proceso.
Porque acompañar es un acto de amor… y el amor, cuando se comparte, siempre transforma.
Feliz Navidad y un Nuevo Año 2026De parte del equipo de Ducis LLC, te deseamos una época llena de acompañamiento, luz y conexiones significativas.

