Cuando Todos Opinan, Pero Nadie Lidera (Parte I)

Cómo elegir al hijo que guiará los procesos de la vejez de los padres sin fracturar la familia.  La conversación que casi nunca empieza a tiempo.

Familia multigeneracional sonriente al aire libre, representando bienestar, apoyo intergeneracional y fortalecimiento de vínculos familiares, en el contexto de servicios psicoeducativos y acompañamiento integral de DUCIS LLC.

Este espacio de conversación puede comenzar posterior a un evento que altera la homeostasis de la familia y de los miembros de esta.  Por ejemplo, después de una caída, una hospitalización o una llamada del médico que nadie esperaba.  Y de repente, los hijos (ya adultos, con responsabilidades propias, con hijos propios) se miran entre sí buscando una respuesta que nadie pensó previamente.  

¿Quién va a encargarse?  No es quién va a ayudar, ni quién va a opinar, sino quién va a guiar. En familias con varios hijos, esta pregunta puede convertirse en una de las más difíciles de responder. Porque no es solo una decisión práctica. Es una decisión emocional, histórica y profundamente simbólica.

La familia está funcional hasta que aparece la urgencia

Durante años, la familia funcionó sin estructura formal.  Cada hijo ocupaba su lugar natural, sin necesidad de alterar sus actividades familiares.  Cada uno de los hijos manejaba el rol que, sin estar escrito, ocupaba en la familia.  Por ejemplo, siempre está el miembro de la familia que es el organizado. De igual manera está el protector, el que vive lejos, el que todo lo cuestiona, el que no está disponible o aquel que cuenta con multiplicidad de roles y que también está en la distancia.  Esto que te comento es un evento de familia muy natural.  Y que puede estar más cerca de lo que tu piensas.  

Como parte de lo que quiero compartir contigo es la experiencia de una familia de Puerto Rico (quienes perdieron al padre) que contaba con varios hijos y uno de ellos fue quien se mantuvo liderando la mayoría los procesos por los que estaban atravesando durante la etapa final de la vida de su padre.  Este adulto mayor, estaba enfrentando diversas situaciones que comprometen su salud física, lo que lo llevó a estar hospitalizado en varias ocasiones y por términos prolongados. 

Y como parte de las decisiones que se tomaron, fue que el adulto mayor permaneciera en su residencia hasta el fallecimiento.  Y así fue, aunque la madre estaba presente, el hijo líder fue quien dirigió el “corillo de hermanos, sobrinos y nietos” para que esas últimas horas fueran en paz y de amor hacia el adulto mayor que culmina su caminar en los espacios terrenales. El hijo líder, también manejaba su dolor, sin embargo pudo manejar las emociones de sus hermanos y delegar tareas dirigidas al cambio de estado del padre.  

Las dinámicas se conocían, aunque nunca se nombraran

Cuando el envejecimiento se hace visible, cuando la memoria empieza a fallar, cuando las cuentas se acumulan sin pagar, cuando el médico habla de poderes legales o decisiones médicas anticipadas, la estructura informal deja de ser suficiente.  En ese momento pueden surgir conflictos, malos entendidos, diversidad de opiniones que pueden llevar a la familia a experimentar momentos difíciles, por lo que antes (tal vez) se prometieron no pasar. 

Todos aman a sus padres, todos quieren lo mejor así como también, todos tienen una opinión.  Y en esos momentos es donde surgen los grandes conflictos.  Sin embargo, cuando uno de los hijos mantiene la regulación de las emociones y se permite conocer para organizar a los demás, los procesos familiares y legales mantienen un orden.  

El hijo líder asume el rol principal, sin obviar la presencia de los demás, quienes también son hijos y de igual manera quieren ser parte y permanecer al lado de su adulto mayor, hasta el final.  De esta manera no se desarrollan conflictos, que luego de la muerte del adulto mayor, permanecen... ¿hasta cuándo? Nadie sabe. 

El error de creer que la igualdad siempre es equidad

 Muchas familias creen que lo justo es que todos participen por igual en cada decisión.  Eso suena democrático, inclusivo y hasta correcto.  Porque esa es nuestra cultura, nuestros valores familiares como puertorriqueños.  Sin embargo, en la práctica, puede ser paralizante cuando son más de 4 hijos, todos comentando, y tomando decisiones que nunca llegarán a un punto resuelto. Las decisiones médicas no esperan consenso eterno, las gestiones legales requieren firma y representación clara y las instituciones necesitan un contacto principal.

Desde una mirada interdisciplinaria, que integra trabajo social, psicología y derecho, sabemos que las familias funcionan mejor cuando existe claridad de roles.  Porque no se trata de excluir, se trata de organizar.  Por lo que el designar a un hijo como coordinador principal no significa otorgarle poder absoluto. Significa establecer un eje de comunicación y ejecución y que eso se tenga claro, es fundamental.

Elegir al hijo que liderará no es un premio

En muchas familias, el liderazgo se interpreta como favoritismo.  Sin embargo, asumir la guía del proceso de envejecimiento no es un reconocimiento simbólico. Es una responsabilidad compleja que implica: coordinar citas médicas, administrar documentos legales, manejar información financiera, mediar conflictos entre hermanos, tomar decisiones bajo presión y  hasta comunicar noticias difíciles.  En fin, es una carga emocional considerable.

Por eso la selección no debería basarse en historia familiar o cercanía afectiva. Debe evaluarse con criterios objetivos:

  • Disponibilidad real de tiempo.

  • Capacidad organizativa.

  • Estabilidad emocional.

  • Habilidad para comunicar con transparencia.

  • Disposición a rendir cuentas.

  • Proximidad geográfica.

La pregunta no es “¿quién es el favorito?”, es “¿quién puede sostener el proceso con equilibrio?”

Lo que ocurre cuando nadie quiere asumir la responsabilidad

También existe el escenario contrario, donde todos opinan y nadie quiere firmar.  

Eso de firmar implica responsabilidad legal, cargar con decisiones médicas complejas, ser señalado si algo sale mal sin dejar a un lado que el miedo a equivocarse puede generar evasión colectiva y esa evasión tiene consecuencias.

Sin una planificación clara pueden surgir:

  • retrasos en tratamientos médicos,

  • problemas en la administración de bienes,

  • confusión en instituciones bancarias,

  • disputas formales entre hermanos o,

  • procedimientos legales innecesarios

Pero el costo más profundo no es un asunto jurídico...es emocional.  Puede encerrar resentimientos silenciosos, culpa acumulada y hasta relaciones fracturadas.

Las dinámicas de infancia reaparecen

Cuando los padres envejecen, los hijos regresan simbólicamente a sus roles originales.  El responsable se sobrecarga, el conciliador intenta mediar, el distante se mantiene al margen y el crítico cuestiona cada decisión.  Sin el establecimiento de una estructura clara, estas dinámicas se intensifican.

El hijo que asume liderazgo sin apoyo puede experimentar agotamiento extremo, el que no participa puede sentir culpa sin obviar que el que cuestiona constantemente puede erosionar la confianza familiar.  Por eso la planificación no es solo un acto legal. Es un proceso emocional que requiere acompañamiento consciente.

La próxima semana, continuaremos con este tema que puede ser de mucho aprendizaje para las familias de los adultos mayores.  En la parte II de este blog, voy a estar integrando el rol de los padres y cómo se pueden manejar las situaciones de familia, cuando ya hay tensión entre sus miembros.  

No esperes a que la crisis obligue la conversación. Agenda una orientación familiar y establece claridad antes de que el conflicto aparezca.

 
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La planificación familiar: cuidado prolongado