Acompañar las pérdidas emocionales en la adultez mayor
Hace un año estuve en intervención directa con adultas mayores en mi pueblo de Caguas en Puerto Rico. Estuve apoyando a una colega trabajadora social en su proyecto final de la maestría, y creamos un grupo abierto de tipo psicoeducativo. Como el grupo era de tipo abierto, nos permitió aprender y tener la oportunidad de conocer sobre cada uno de sus miembros y de añadir material educativo que hoy puedo utilizar para compartir contigo. Historias de soledad, tristeza y de pérdidas, no solo de amistades si no también de parientes que le han mantenido lejos por diversidad de razones que ya hablaremos en otro blog. Y en este espacio, no quiero dejar a un lado lo que viví junto a mi papá y las pérdidas que este enfrentó. Espero que este escrito (que te comparto desde mi corazón), te sirva de reflexión ante la importancia que tienen las personas en nuestras vidas y el reto de entender que la muerte es parte de la vida.
Este texto está dirigido a ti, familiar, cuidador o miembro de la comunidad, que acompaña, observa o convive con personas mayores. A ti que quizás has notado cambios, silencios más largos o una nostalgia difícil de nombrar. Y también a ti que...deseas comprender mejor, sin juzgar ni minimizar, lo que significa envejecer rodeado de ausencias.
Durante la etapa de la vejez, los adultos mayores van experimentando pérdidas de diversidad de personas que le acompañaron en su vida de diversas maneras. Cada uno de los amigos, familiares, vecinos, compañeros de escuela, conocidos... que se muere, se lleva consigo un baúl de memorias creadas con el adulto mayor que llora la perdida. Y sabes algo, en este blog, mas que expresar y contarte de las experiencias de cualquier adulto mayor que he tenido en mi presencia y esperando alguna respuesta ante alguna situación, te quiero hablar de mi papá.
Don Eddie de Bairoa en Caguas
Don Eddie fue mi santo padre, que me acompañó durante los primeros 45 años de mi vida.
Cuando te digo que me acompañó, es porque realmente estuvo en mi vida aun en las dificultades. Mi papá enviudó en el año 2019, luego de 49 años junto a mami. Ambos fueron una pareja normal con dificultades, retos, diferencia de pensamiento sin embargo, siempre tuve la oportunidad de verlos juntos. Y ¿por qué te hablo de papi? porque no solo enfrentó las muerte de sus padres, mucho tiempo después perdió a mami, meses mas tarde perdió a una de sus hermanas y luego a uno de sus hermanos. Igual, durante ese año de cambios en su vida, también perdió a Nano o Cheo como le llamaba. Nano fue una de sus mascotas, un perrito que estableció una relación muy sólida con papi; Solo ellos conocían como tratarse. Nano fue una mascota que al morir, le sacó lágrimas a mi papá. Así que al morir Nano, papi se quedó solo y se aferró a la compañía de Mateo o Cano (otro perrito con quien también vivía), como le llamaba. Papi me enseñó, con su actitud ante la vida, que la muerte era parte de vivir. Sin embargo, esta enseñanza la aprendí con su pérdida, ya que como muchos de nosotros, tal vez nunca se nos habló de la muerte durante nuestro desarrollo.
Hay pérdidas que llegan de golpe, como un golpe seco en el pecho.
Y hay otras que llegan en silencio, una a una, casi sin anunciarse.
Y así le pasó a Don Eddie.
Las muertes que experimentan los adultos mayores, van surgiendo poco a poco. No siempre se habla de ellas; No siempre se lloran en voz alta. Y muchas veces, pasan desapercibidas incluso para quienes están más cerca. Sin embargo, en mi vida vi a mami llorar muchas de sus amistades, mayormente personas que se conocieron en la Iglesia San José de Villa Blanca en Caguas. Sin dejar a un lado, aquellas relaciones que desarrolló en la Escuela Gautier Benitez, allá para los 60’s. Y que aun para los años 2000 (en adelante ), continuaban compartiendo en diversas actividades coordinadas en el Municipio de Caguas. Igual te cuento (hablando de Caguas), mami sufrió mucho la muerte de quien en vida fue el “mejor” (mi opinión) Alcalde de Caguas, William Miranda Marín. La relación que mami estableció con este ser humano, fue muy cordial y de mucho cariño.
Con el paso de los años, el mundo emocional de una persona mayor puede ir cambiando de forma profunda. No porque deje de sentir, sino porque empieza a perder, lentamente, partes esenciales de su historia compartida: amistades de toda la vida, una pareja, vecinos que fueron familia, rutinas que daban sentido, comunidades que ofrecían pertenencia.
Las pérdidas que no siempre se nombran
Cuando pensamos en duelo, solemos imaginar una pérdida clara: la muerte de un ser querido cercano. Sin embargo, en la adultez mayor, el duelo suele ser acumulativo. Un amigo que fallece, otro que se muda, una pareja que ya no está, un vecino con quien se compartían mañanas que ahora falta, un cuerpo que ya no responde igual o tal vez un rol social que se desvanece tras la jubilación. Y si, porque la jubilación también es una pérdida que marca la vida de una persona adulta. Por ejemplo, luego de 30 años en un mismo espacio de trabajo con los compañeros que se vuelven familia con el tiempo y de momento, ya dejó de sonar el ponchador y de compartir los chocolates y flores un día cualquiera de San Valentín. La jubilación no solo es el final de una etapa, también es el comienzo de otra la que tal vez persente mayores retos a la vida del adulto mayor.
Cada una de estas experiencias, por sí sola, podría parecer “parte de la vida”. Pero juntas, con el paso del tiempo, pueden ir reduciendo el mundo emocional y social de una persona. Para muchos adultos mayores, estas pérdidas no solo significan extrañar a alguien, sino perder testigos de su historia. Personas que conocían su pasado, sus anécdotas, sus versiones más jóvenes. Cuando esas personas ya no están, también se va una parte del “yo” que solo existía en esa relación.
El duelo silencioso de la vejez
A diferencia de otros momentos de la vida, el duelo en la adultez mayor suele vivirse con menos permiso social para expresarse. Frases como: “Es normal a esa edad”, “Ya vivió bastante”, “Tiene que ser fuerte” o “Así es la vida”. Aunque bien intencionadas, estas expresiones pueden llegar a invalidar un dolor real. El mensaje implícito es que el sufrimiento debería doler menos con los años, cuando en realidad, cada pérdida sigue siendo significativa. Muchos adultos mayores aprenden a callar su tristeza para no preocupar a sus hijos, para no “ser una carga”, o porque sienten que nadie quiere escuchar historias repetidas de personas que ya no están. Este silencio no significa ausencia de dolor; Significa, muchas veces, soledad emocional.
Cuando el mundo se va achicando
Hay un momento en la vida en el que uno empieza a notar que el círculo social se reduce. Para algunos adultos mayores, este proceso puede sentirse como si el mundo se fuera haciendo más pequeño. Menos llamadas. Menos visitas. Menos nombres conocidos. Menos invitaciones. Y aunque todavía haya personas alrededor, puede aparecer una sensación profunda de desconexión. Estar acompañado no siempre es lo mismo que sentirse acompañado.
Cuando el mundo se va haciendo más pequeño, las personas adultas suelen aislarse. Según expresiones de adultos mayores, “se aislan porque no quieren ser carga para nadie, o simplemente porque ya están viejos y lo que les corresponde es permanecer en sus residencias solos. Este pensamiento lo experiementan, no solo porque está atado a una etapa de desarrollo, también lo experimentan ante una sociedad que margina y discrimina hacia la población de adultos mayores de manera “sutil y con mucho discimulo”. Para quienes observan desde fuera, este cambio puede confundirse también con “mal humor”, Pero muchas veces, lo que hay debajo es tristeza, cansancio emocional o miedo a seguir perdiendo.
Después de perder a tantas personas significativas, algunos adultos mayores se protegen evitando nuevos vínculos profundos. No porque no quieran, sino porque el dolor de despedirse otra vez se siente demasiado grande.
La importancia de mirar más allá de la superficie
Como familiares o cuidadores, puede ser difícil ver a un ser querido mayor cambiar. Tal vez ya no tenga la misma energía, hable menos o repita recuerdos del pasado. Es importante recordar que esos recuerdos no son solo nostalgia: son formas de mantener vivos los vínculos que ya no están.
Escuchar una historia repetida puede parecer cansado. Pero para quien la cuenta, es una manera de seguir sintiéndose conectado a su vida, a su identidad y a las personas que amó. Acompañar no siempre significa tener respuestas. Muchas veces, significa presencia, paciencia y validación.
¿Cómo acompañar desde la empatía?
Acompañar a un adulto mayor que atraviesa múltiples pérdidas no requiere grandes discursos. Requiere gestos pequeños, pero profundamente humanos. Como por ejemplo: Escuchar sin presionar, validar el dolor sin compararlo, evitar minimizar con frases hechas, preguntar cómo se siente, incluso si la respuesta se repite o reconocer que su tristeza tiene sentido.
A veces, lo más sanador no es “animar”, sino permitir que el dolor exista sin ser corregido ni minimizado o invalidado. También es importante entender que el duelo en la adultez mayor puede manifestarse de formas distintas: cambios en el apetito, en el sueño, retraimiento social, irritabilidad o desinterés. No siempre habrá lágrimas visibles.
El apoyo profesional es necesario
Hay momentos en los que el acompañamiento familiar no es suficiente, no por falta de amor, sino porque el dolor es profundo y acumulativo. Buscar apoyo profesional no significa que alguien esté “mal” o “débil”. Significa reconocer que nadie debería atravesar el duelo en soledad. El acompañamiento psicosocial puede ofrecer un espacio seguro donde el adulto mayor tenga la oportunidad de: expresar pérdidas que nunca pudo nombrar, elaborar duelos no resueltos, reconstruir sentido y conexión además de sentirse escuchado sin culpa ni vergüenza. También puede ayudar a familiares y cuidadores a comprender mejor lo que están observando y a encontrar formas más saludables de acompañar.
Un llamado a mirar desde el amor y la humanidad
Envejecer no es solo sumar años. Es aprender a despedirse muchas veces. Como sociedad, tenemos la oportunidad (y la responsabilidad) de mirar la vejez con más humanidad, más paciencia y más sensibilidad. De entender que detrás de muchos silencios hay historias, y detrás de muchas ausencias hay duelos que merecen ser reconocidos. Si eres familiar, cuidador o parte de la comunidad, tu mirada puede marcar una diferencia enorme. A veces, sentirse comprendido es el primer paso para sanar.
Un llamado a la acción
Si tú o alguien cercano está atravesando este tipo de pérdidas en la adultez mayor, no tienen que hacerlo solos. Buscar apoyo es un acto de cuidado, no de debilidad. En Ducis LLC, entendemos la complejidad emocional del envejecimiento y el impacto profundo de las pérdidas acumulativas. Ofrecemos servicios de acompañamiento humano, respetuoso y centrado en la dignidad de cada persona y su historia. Si sientes que este tema resuena contigo, te invitamos a conectarte con nosotros para explorar cómo podemos acompañar este proceso con sensibilidad, escucha y cuidado profesional.
Porque incluso en medio de las pérdidas, el acompañamiento puede devolver sentido, conexión y alivio.
Estos temas no solo son difíciles para los adultos mayores, sino también para quienes los aman. Muchas veces, el silencio nace del deseo de proteger, pero la falta de diálogo puede generar aislamiento, malentendidos y decisiones tomadas sin la voz del adulto mayor.

